miércoles, 12 de noviembre de 2008

Melodía melódica a cargo de...

La cantante británica “Corinne Bailey Rae” y su único disco, también llamado igual que ella. Salió al mercado en 2005, usando como bandera el single “"Like A Star", pero no cosecho casi ningún éxito, por lo que se replanteó de nuevo la opción de buscar un single más comercial, así fue como apareció su canción más conocida y con la que consiguió llegar al estrellato, "Put Your Records On". Aquí dejo el video de aquel primer single, casi olvidado.



Este único disco se compone de once canciones, todas siguiendo una línea de jazz, R&B y algo de indie. Un disco muy melódico con canciones que inspiran tranquilidad y serenidad. Claramente enfocado en la voz de la cantante, dando lo mejor de sí misma en cada una de las canciones.

Además de este disco, la nominada a tres premios Grammy, tiene también un CD & DVD llamado “Live in London and New York” en el que podemos ver a la cantante en varios directos en la ciudad londinense y un disco con canciones en directo en el Webster Hall de New York. Claro esta, que con este DVD podemos apreciar, aún más si cabe, la calidez y la autenticidad de su voz, forjada durante años en los coros de una iglesia británica durante su infancia.

Corinne pudo saltar a la fama mucho antes, con el grupo en el que cantaba, “Helen”, pero debido a que una de las componentes abandono el grupo, este se desintegro, dejando a la vocal tiempo para escribir y elaborar su, por ahora, gran trabajo musical.


martes, 11 de noviembre de 2008

Carrera hacia el futuro

Corro, corro y no paro de correr. Veo la luz al final, necesito llegar hasta ella, puede que sea mi salvación. Detrás de mí, a unos cuantos metros noto la presencia de alguien. Es ese alguien que siempre va detrás de ti, observando los pasos y las medidas que tomas a lo largo de las horas, días, meses y años que elaboran tu vida.
Corro a través de una pasillo enorme, esta lleno de tuberías, charcos y humo, parecido a los que salen en “Pesadilla en Elm Street”. No consigo saber cuando vendrá el final. Empiezo a ponerme nervioso, a la vez que cansado. Hago que mi sombra se separe de mí, así quizás pueda ir más rápido. Necesito agua, y de repente aparece una mesa llena de botellas pero todas están vacías.
No puedo creérmelo, veo el final. Se ve una puerta como de instituto, grande, de metal, difícil de saltar, pero afortunadamente esta abierta, se ve la calle, está completamente abarrotada de gente. Todos intentan cortarme el paso, pero no se como me meto dentro de un coche y consigo salir del apuro, eso sí, con un par de moratones.
Hay alguien al volante, pero los rayos de sol me dan totalmente de cara, así que no puedo identificarlo. Le cuento mi situación y sin mediar una palabra arranca el coche. Debe de ser un coche potente, ya que la aceleración de este, hace que todo mi cuerpo choque bruscamente sobre el asiento. Gira bruscamente hacia un lado y otro, pierdo totalmente el equilibrio y no paro de chocarme con cada una de las puertas que se sitúan a mis lados. Aprieta el acelerador y noto como el coche coge una velocidad que yo nunca antes había experimentado.
Es increíble, veo el rostro del conductor, es... soy yo mismo pero con muchos más años, tengo el pelo alborotado, una barba bastante espesa y estoy extremadamente delgado. Mis ojos y sus ojos tienen el mismo color pero los suyos desprenden un brillo totalmente diferente al mío. No para de reír. Ambos sabemos que el choque esta apunto de producirse. Los dos salimos disparados a través de la luna de cristal delantera del coche. Estoy en el suelo, lleno de sangre y de cristal, él sin embargo esta de pie, como si nada hubiese ocurrido. No para de reír. Agacha su cabeza hasta hacerla chocar contra la mía, creo que alguno de mis cristales se ha quedado en su frente. Me mira fijamente, a la vez que ríe y me escupe su saliva a la cara. Me susurra algo al oído, pero no lo escucho, en realidad no escucho nada, creo que me he quedado sordo. Me da un arma, nunca he utilizado ninguna, pero supongo que el mecanismo es apuntar y apretar el gatillo. Primero apunto, él se abre de brazos y espera el disparo. Me tiembla la mano, siempre creí que si tuviese que disparar a alguien no dudaría pero nunca había supuesto que ese alguien sería yo. Disparó. La bala atraviesa su mandíbula hacia arriba, el impacto ha sido mortal. Cae desplomado contra el suelo lleno de cristales y trozos metálicos del coche. No sé que ha ocurrido, bueno.. sí lo sé, tengo un arma en la mano y me acabo de asesinar a mí mismo.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Vol.3

-¡No puedo más!. Gritó con su voz envuelta en llanto.
-Pero, ¿por qué no puedes contármelo?. Quizás entre los dos podamos resolverlo. Intente decirle a modo de calmante.
-Es imposible. Es demasiado tarde. No hay tiempo. Decía ella a modo de conclusión.
-... No hay nada imposible. Me decidí a decir sin mucho entusiasmo.

Su mirada se me clavaba en el fondo del corazón. No podía verla así, y más cuando no podía saber ni entender su problema. Sus lágrimas caían desde sus ojos hasta sus labios. Ella no era de esas personas que cuando lloran secan sus lágrimas al instante. El amplio salón de mi casa parecía insignificante, creo que el sentimiento me empezaba a inundar, además del corazón, la cabeza. Me acerque y la abracé con todas mis fuerzas, quería protegerla. Ella me besó y después se fue. Yo aún no sabía que aquella sería la última vez que la vería.

Un día antes de todo aquello, ambos disfrutamos de lo que se puede definir como una cita básica.
Ella pasaba las mañanas en un colegio, era maestra y disfrutaba con su trabajo tanto como aquel niño que desea desde pequeñito ser futbolista y ve que un día su sueño se hace realidad. Gracias a este trabajo, ella podía disfrutar de la tarde e incluso del comienzo de la noche. Yo, por mi parte, no encontraba trabajo. Estudié Psicología durante cinco años de mi vida, pero ya apenas recordaba nada de lo que había estudiado. Los años pasaron, para mí, rápidamente y entre unos trabajos u otros, entre unos descansos y otros, al final nunca pude disfrutar, como hacía ella, de lo que a mí realmente me gustaba.
No pudimos almorzar juntos, porque ella debía quedarse un par de horas más en el colegio, así que decidimos que lo mejor sería quedar más tarde e improvisar algo.

Estaba sentado en el banco del parque, iba vestido como casi siempre, unos vaqueros, una camiseta cómoda y algo que ponerme encima, en aquel día, una cazadora marrón.
Un grupo de niños jugaba con un balón, otros usaban los columpios, otros corrían para allí y para acá sin ningún sentido... Un anciano caminaba placidamente sobre el estrecho camino de asfalto y le seguía un perro, que a juzgar por su trote llevaba un buen rato dando vueltas. A lo lejos se veía ella, caminaba tranquila y sonriente. No podía creer que aquella mujer había quedado conmigo. Levante la mano para que me viera, me reconoció al instante y se acerco a paso ligero.

-¿Qué tal?. ¿Cómo fue el día?. Pregunte.
-¡Genial!. Hoy han estado todos muy tranquilos y lo cierto, es que se han portado fenomenal, y además hace un día espléndido. Y tú, ¿qué hiciste?. Me preguntó, tras responder.
-Pues... no gran cosa. Supongo que lo normal. Dije sin ánimo.
-Es decir, nada de nada. Comentó ella tras mirarme y soltar una carcajada.
-Pues sí, efectivamente. Nada de nada. Comente dándole la razón.
-A ver.. cambiando de tema, tú que eres un experto improvisando, ¿qué hacemos?. Preguntó.
-Déjame que piense... no sé... Decía yo moviendo la cabeza y dudando.
-Vale. Eso es que hacemos lo de siempre, ¿no?. Dijo ella.
-Eh.. sí. Lo de siempre. Dije sin complicarme demasiado.

Lo de siempre era lo que yo conocía como una cita básica, quedas en un sitio público, ya sea parque o plaza, vas al cine, después cenas algo en cualquier sitio que parezca cómodo y tranquilo para poder charlar y por último vuelves a casa.
El primer paso ya estaba hecho, así que fuimos a realizar el segundo. Fuimos al cine, no había gran cosa, pero pudimos escoger algo decentemente bueno. A mí, me apasionaba el cine, en mis tiempos de universitario me pasaba horas y horas en el cine, a oscuras y disfrutando de las imágenes y diálogos que hacían que mi mente se evadiese de la realidad. A ella simplemente le gustaba, lo anotaba como uno de sus pasatiempos pero sin llegar a ser en extremo una afición.
La cena fue realmente extraordinaria, o al menos a ambos nos lo pareció así. Fue bastante sabrosa y ligera, a ninguno nos gustaba llenarnos el estómago antes de dormir, incluso el precio me parecía bajo, tras ver la cuenta depositada en una mini bandeja de plata que nos trajo el camarero.
Llegaba la hora de volver a casa, ella casi siempre después de salir venía a mi casa y pasábamos la noche juntos. Aquella vez no fue una excepción. Hicimos el amor apasionadamente, después de tomar una copa. Yo no solía beber, pero de vez en cuando rompía esa regla no escrita. Recuerdo como nos besábamos, sus labios eran gruesos sin llegar a ser grotescos, muy sensuales. Su cabello era suave, al igual que el tacto de su piel. Ambos nos deseábamos y a la vez nos amábamos, nunca había encontrado una mujer que cumpliese esos dos factores, supongo que por eso, era la mujer de vida.
Ella dormía, una fina luz entraba por la ventana, entre las cortinas. Veía la silueta de su espalda desnuda, sus ojos cerrados y su cálida mano apoyada sobre mi pecho. Ese fue sin duda el mejor momento de aquel último día.

sábado, 8 de noviembre de 2008

¡Soy el rey del mundo!

Barack Hussein Obama Jr. ha sido elegido por el pueblo de los Estados Unidos como el nuevo líder mundial, el primer afro americano que pisara la Casablanca como presidente.

Este honoluluense nacido en 1961 consiguió vencer en las elecciones al candidato republicano John McCain con una diferencia más que considerable y tras varios meses de duros mítines, promesas, declaraciones de intención y muchísima, muchísima publicidad. Ya sea por los periódicos, la radio, la televisión o uniendo personajes famosos como Will.I.Am (el principal componente de Black Eyed Peas), Harold Perrineau Jr. (uno de los personajes de la famosa serie de “Perdidos”), Kareem Abdul Jabbar (mítico ex-jugador de los Lakers), la cantante Aisha, Kate Walsh (actriz de Anatomía de Grey), Nicole Scherzinger también nacida en Honolulu (cantante de Pussycat Dolls), Scarlett Johansson (actriz y cantante), entre muchos otros... con un video musical basado en un discurso del demócrata. Aquí podéis echarle un vistazo al video titulado "Yes we can".



“Necesitamos un cambio” decía el senador de Illinois, pues el cambio ahora tendrá que producirse. Las promesas de acabar con la guerra de Irak, eliminar, en parte, el dominio del petróleo mediante otras fuentes de energía y dar asistencia sanitaria a todo el mundo que lo necesite, serán sus mayores retos al frente del cargo presidencial, y claro está, por no hablar de la crisis económica, no solo norteamericana sino mundial, que le ayudo a derrotar a su rival por la presidencia.A parte de todos estos factores, el licenciado en la escuela de derecho de Harvard tendrá que soportar la batuta de ser el hombre más poderoso del mundo, mediar con la prensa, que tanto le adora en estos momentos y forjar la imagen de decisión y cambio hacia lo positivo, que se ha ido labrando a lo largo de su carrera. Pero... ¿cuál ha sido nuestro beneficio en todo este espectáculo político? ¿Qué hemos aprendido después de contemplar durante tantos días los avances, las historias y los comportamientos de estos dos candidatos a coronar la cima del mundo?.

La batalla ha llegado a su final, el vencedor ha sido Obama, el derrotado McCain. Todos amamos a Obama, todo el mundo se manifiesta a su favor, todos los medios alaban la labor del primer candidato afro americano del partido demócrata pero... ¿qué opinarían las personas encarceladas en Guantánamo de este cambio?. Y los civiles de Irak, ¿también saldrán a la calle a festejar la victoria?. A lo que me refiero con estas palabras es que es, a partir de ahora, cuando se vera el verdadero trabajo del nuevo presidente. Aun queda un largo camino para ver el desarrollo de los acontecimientos, como vino a decir el gran escritor español Juan José Millas, Obama es el consolador que todos necesitábamos, pero el orgasmo no dura eternamente. El tiempo dirá si este hombre se convierte en leyenda o solo en el presidente numero 44 de la historia de los Estados Unidos.

viernes, 7 de noviembre de 2008

El verano de Kikujiro

Takeshi Kitano, el mejor director japonés de nuestro tiempo, creo en 1998 una obra llena de ternura y comicidad, “El verano de Kikujiro”.

Llega el verano, todos tus amigos se van de la ciudad, se escapan a la playa, te quedas solo con tu abuela, los días pasan uno tras otro... De repente encuentras una fotografía de tu madre, a la que apenas recuerdas. ¿Dónde estará?. ¿Qué hará?. ¿Te recordará?. Decides ir a buscarla, pero tan solo tienes 9 años... La abuela ha podido encontrar a alguien que te ayude pero... ¿realmente lo hará?.
El señor no tiene pinta de ser muy amable y efectivamente, no lo es. Gasta tu dinero en apuestas e incluso ¡te hace apostar!. Bueno, no tenéis dinero pero el señor tiene mucha imaginación y demasiada “cara dura”, también tiene un tatuaje en la espalda muuuy grande, no sabes lo que significa pero parece que tiene vida. Quizás podais encontrar a tu madre.Vivís muchas aventuras llenas de humor y ternura, también conoceís a gente bastante... como decirlo.. graciosa.
A pesar de todo no parece que haya empezado mal el verano.. sobretodo para Kikujiro.



Cargada de emoción, de poesía e ironía, esta cinta de 121 minutos de duración, hace que te sientas uno mas del grupo, su complicidad se convierte en la tuya, sus gestos se unen con los tuyos, te dejan jugar con ellos y tu disfrutas haciéndolo.

La música del genial compositor japonés Joe Hisaishi, creador de la BSO de “El viaje de Chihiro”, te traslada a un mundo mágico, donde cada truco, cada mueca se torna de una belleza inimaginable.

Una de las mejores obras del creador de “Humor Amarillo” y director y guionista de esta obra, la cual fue galardonada con el premio del festival de Valladolid.

Por si queréis echarle un ojo, el trailer.


jueves, 6 de noviembre de 2008

Parpadea

Estoy en una habitación pequeña con las paredes llenas de papel pintado de color marrón y con unos extraños círculos que a medida que los miro se hacen más pequeños. Me encuentro sentado en un amplio sillón de cuero frente a un camaleón. Ninguno se mueve. Ambos movemos los ojos instintivamente. No sé quien tiene mas hambre de los dos, pero esa mosca parece apetitosa. Mi larga lengua desenfunda más rápido que la del viejo camaleón, como si de una película de Sergio Leone se tratase. No sabe mal. Mis dientes dan cuenta de ella, noto como todos sus órganos se desparraman sobre mi boca, a pesar de las sensaciones, repetiría.

Parpadeo.

Voy tan rápido que ni siquiera puedo abrir los ojos y cuando lo hago estos me lloran y se irritan hasta que los vuelvo a cerrar. Siento como mi estomago se agita, el corazón me late mucho mas deprisa de lo que debiera y noto como mi corta melena se mueve de arriba abajo con gran ligereza. Una montaña rusa, pienso. Noto como la aceleración disminuye hasta ser completamente nula, ahora puedo abrir los ojos. Estoy completamente solo en un parque de atracciones, solamente me acompaña una chica que me mira con cara sonriente, tiene el pelo largo, le llega casi a las rodillas, pero parece que lo tiene bien cuidado. Tiene una cara sencillamente bella. Se me acerca sigilosamente, como intentando no hacer ruido, apoya su brazo sobre mi hombro y me susurra al oído.
- No parpadees.

Parpadeo.

Estoy en medio de una inmensa oscuridad, abro y cierro los ojos para comprobar que no es culpa de mi vista, no consigo saberlo. Camino sin ver absolutamente nada. Oigo algo en la lejanía, parece como una barca, se oye remar. Quizás. Mis zapatos y la parte baja de mis vaqueros están mojados, los toco, es demasiado denso para ser agua. De repente un olor nauseabundo inunda mi olfato, las ganas de vomitar se hacen insoportables. Vomito. Me noto mas aliviado, pero no puedo aguantar de pie, necesito sentarme. Las piernas no responden, caigo desplomado contra el suelo encharcado en ese denso liquido. Antes de perder el conocimiento lo veo a lo lejos...

Parpadeo.

Me veo a mí mismo. No tengo buen aspecto, peor que el de costumbre. Camino sobre un puente. Parece firme. A los lados tienes clavos colocados de forma que si sitúas las manos sobre ellos terminas clavándotelos. Veo como mi mano se clava varios de ellos pero no parece importarme, sigo caminando como si nada. Al otro lado del puente, esta la chica de la montaña rusa, esta sentada sobre el sillón de cuero, no para de reír. Su cara se ha vuelto malévola, y sobre su mano izquierda sostiene algo que no consigo identificar. Empiezo a ver que el puente parece cada vez más débil, quizás sea semejante al típico puente de madera colgado entre un gran acantilado y sostenido con unas cuerdas de dudosa fiabilidad. La chica se levanta del sillón. Es un cuchillo lo que sostiene, se acerca a la cuerda para cortarla. Pasa el cuchillo suavemente sobre la cuerda, no creo que el puente resista mucho.

Parpadeo.

lunes, 3 de noviembre de 2008

El adiós

Le deje sin mirar atrás. Era tan difícil que lo único que pude hacer fue seguir caminando, acelerando la marcha y pensando en el autobús que se aproximaba. Compre mi billete, el billete que haría que nos separasen para siempre. Me senté en unos de los últimos sitios como hacia siempre, solo que esta vez había un motivo, no mirar a través de la ventana hacia ella. Los recuerdos me invadían por todos lados, me sentía extrañamente conmovido, un sentimiento de felicidad y pena abarcaban mi mente.

Siempre la misma melodía, siempre la misma escena.

Afuera, el mundo seguía su ritmo, era de noche, la luna tintaba de blanco la negrura de la oscuridad, y las farolas añadían ese toque dorado y añejo a las calles. Norah Jones no paraba de sonar a través de mi mp3, parada tras parada, pensaba en los momentos vividos, intentando buscar un hueco en mi memoria, para así no poder olvidarlos nunca.

Fuera del autobús, no pude evitar volver la mirada atrás, allí donde deje mi ultimo recuerdo, pero no veo nada, la distancia es demasiado amplia para poder recuperarla. Caminando entre la gente, me pasa como a Harry Nilson en su canción "Everybody's Talking" y no puedo evitar esbozar una pequeña sonrisa al recordarlo. Ya veo mi próximo destino, este me dejara en "casa", solo me queda esperar.

Paso los minutos sentado en un banco junto a una persona, ambos nos hacemos compañía sin dirigirnos ni siquiera una mirada. Lo veo a lo lejos, se acerca con una velocidad que tan ni siquiera esperaba. Me levanto y espero pacientemente el momento.

Me lanzo a las vías, la colisión ha sido inevitable.
Siempre me pregunté como seria el momento justo
anterior y posterior a mi muerte.

Ahora lo sé.