domingo, 31 de agosto de 2008

El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford

¿Puede convertirse un simple forajido en una leyenda del Oeste americano?. ¿Puede una persona ser un héroe acabando con el suyo propio?. ¿Puedes confiar en aquellos que te rodean y llamas "amigos"?

Durante 160 minutos estas preguntas y otras más, van dando su respuesta minuciosamente mientras que de fondo suena una melodía inquietante y evocadora. Jesse James y su banda planean el gran robo, aquel con el que sueñan todos esos pequeños futuros forajidos después de leer las historietas impresas en papel añejo y descolorido. Para este golpe hace falta algo más que tiempo, trabajo y sacrificio, ese "algo" es la ayuda de un joven "valiente" llamado Robert Ford, que a pesar de la desconfianza de James se hace con un puesto en la banda. Una tras otra las oportunidades van pasando, el nerviosismo aumenta hasta convertirse en ansiedad y esta en locura. James solo se concentra en sí mismo, llegando a limites insospechables, a un paso de cruzar una línea en la que no existe marcha atrás. Ya no solo es valiente, sino que demasiado osado y confiado, reta a sus enemigos a conseguir el oro y la fama mas preciados, la vida de este. Mientras tanto Ford ve el camino hacia su futuro más claro y nítido sin que Jesse se percate de ello (o eso cree). El clímax final estalla, un solo asesinato hace que un forajido se convierta en héroe y otro en villano.



Una película llena de nerviosismo y poesía que la hacen extrañamente bella, Pitt y Affleck inundan la pantalla de épica (sobretodo este último), Roger Deakins hace de su cámara fotográfica una parte más de la historia que se completa con un gran guión y una notable dirección a manos de Andrew Dominik.

Aquí os dejo el trailer.

video

sábado, 30 de agosto de 2008

Vol.1

No recuerdo bien la fecha en la que todo comenzó, pero siendo hoy tan viejo y entonces tan joven...

Era un día claro, soleado, los árboles dejaban que su sombra mostrase su silueta al firme pavimento, los pájaros revoloteaban, la gente caminaba abstraída y todo parecía presagiar que aquel día sería uno más...
Me levanté de la cama más tarde de lo normal, como de costumbre, pero no había inconveniente, ya que aquella mañana no me ocupaba el tiempo ninguna responsabilidad, salvo la de hacer la compra, de modo que pensando en este cometido me coloque los calcetines en los pies y tras esto las zapatillas, para varios metros después volver a quitármelos y entrar en la ducha. Tras ducharme y secarme con esmero, me vestí sin demasiado entusiasmo pensando más en el frío que recorría cada uno de mis huesos que en lo que iba a ponerme.
Mi casa no era precisamente una mansión, constaba de varias habitaciones bastante reducidas, exceptuando una que era bastante amplia, aunque yo solía escapar de ella, y me refugiaba en las de menor tamaño. El salón era amplio y compartía espacio con la cocina, había una pequeña terraza desde la que se veía el mar tan lejano y a la vez tan claro como aquel recuerdo que se retiene del primer amor.

Una vez en la calle, contemple aquel día perfecto unos instantes y me dirigí a la tienda habitual para comprar lo habitual, no era una gran tienda pero me suministraba diariamente mis necesidades básicas así que por ello acudía a ella sin rechistar. Compre lo normal para un día normal, algo de pan, carne, fruta y un pequeño dulce para colmar mis deseos. De vuelta a casa, note como aquel día perfecto iba cayendo en picado hacia uno no tan perfecto. Las nubes se agrupaban y planeaban en silencio. Llegué a tiempo antes de que la lluvia me cogiera. Nunca la lluvia supuso un problema para mí, siempre tenía en mente aquel viejo proverbio que decía “La lluvia sólo es un problema si no te quieres mojar”.

Mientras colocaba la compra en la cocina y escuchaba de fondo en la radio “Waitin´ On A Sunny Day” de Bruce Springsteen, sonó el teléfono, era raro que alguien me llamara a esas horas, es más, era raro que alguien me llamara. Llevaba algún tiempo en la ciudad, vivía solo y no era muy extrovertido ni altamente sociable, así que mis amistades se contaban con los dedos de una sola mano. Tras dejar sonar varias veces el teléfono me decidí a contestar.
-¿Sí?. Era siempre mi primera pregunta al descolgar el teléfono.
-¿Es usted el señor Moreno?. Dijo una voz bastante seria de mujer.
- Sí, soy yo. ¿En qué le puedo ayudar?. Dije lo más amablemente posible.
- Tengo que darle una mala noticia, la señorita Uroz ha desaparecido.
Tras oír aquel apellido mi mente reaccionó instintivamente para volver al pasado...